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  ACCIÓN CONTRA EL HAMBRE REIVINDICA UN PLAN DE CHOQUE PARA HACER FRENTE A LA SUBIDA DE DE LOS ALIMENTOS

 

  1. Un nuevo modelo de desarrollo que prime la seguridad alimentaria sobre el crecimiento económico, la recuperación de las reservas nacionales de cereales, la innovación agrícola y medidas concretas contra la desnutrición infantil constituyen el único freno y la única medida paliativa eficaz para la tendencia al alza de los precios alimentarios

 

Madrid, 16 de abril de 2008

 

Lo que hoy se perfila como un debate de calado global es ya una emergencia para la agricultores más pobres de países importadores de cereales y para la población urbana de África y Asia.  “Los propios economistas de Davos han situado la seguridad alimentaria en el puesto más alto de las prioridades internacionales, al mismo nivel que la crisis financiera, el terrorismo o los precios de la energía, pero ahora urge actuar para paliar cuanto antes esta situación”, señala el Director General de Acción contra el hambre, Olivier Longué.

 

Sobre las causas no caben dudas: el precio de petróleo, nuevos hábitos de consumo en economías emergentes, el auge de los biocombustibles o la crisis financiera están entre las razones más frecuentemente alegadas pata justificar el aumento del 56% de la factura cerealera de los países en desarrollo, “pero lo cierto es que los gobiernos han menospreciado en los últimos años la inversión y la innovación agrícola, que aparece estancada desde los años ochenta”, señala Longué. “No hay que buscar interpretaciones maltusianas -continúa – sobre la presión demográfica, el planeta es capaz de seguir produciendo alimentos para todos”.

 

Para poder hacer frente a la subida generalizada de los precios de alimentos y a su impacto sobre la población más vulnerable, Acción contra el Hambre propone un plan de acción en cuatro ejes principales:

 

  1. Volver a poner la seguridad alimentaria en la base de las políticas de desarrollo, reconociendo su papel crucial en el desarrollo humano y el enorme potencial de crecimiento que puede reportar a un país: “la agricultura no es una consecuencia más del desarrollo, sino que lo nutre  desde su raíz”, señala Longué.
  2. Reconstituir las reservas cerealeras nacionales, que han ido desapareciendo paulatinamente con la aplicación de políticas de liberalización pero que constituyen el único margen de maniobra posible de los Gobiernos en los países en desarrollo para hacer frente a periodos de escasez antes de que la situación desemboque en crisis alimentarias como la de Níger de 2005.
  3. Inversión en innovación agrícola, prácticamente estancada desde los ochenta. “Es necesaria una nueva revolución verde, capaz de contrarrestar los errores de la anterior, que apueste por semillas mejoradas, nuevos esquemas de regadío y que alcance desde la universidad hasta la última granja de Bangladesh”, advierte Longué
  4. Luchar contra la desnutrición aguda infantil, que afecta a 60 millones de niños (la mayoría hijos de agricultores) con programas específicos centrados en ellos.  

 

  Más información y entrevistas con portavoces en el terreno:

Alicia García – 91 7711672 / 609018735 agarcia@achesp.org

Alejandra Mahiques: 91 3915306 amahiques@achesp.org