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El acceso a agua potable: el tiempo corre
María Neira, directora de Salud Pública y Medio Ambiente de la Organización Mundial de la Salud.

 

 

Estos compromisos implican que en los próximos meses es necesario que los Estados firmantes de la Declaración del Milenio, y comprometidos a conseguir los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), tomen decisiones de inversión que apoyen y contribuyan a la ampliación del acceso a agua y saneamiento en el plazo que queda hasta 2015.

La Humanidad está en vías de cumplir la meta referente al agua potable, según estima el programa conjunto de vigilancia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF. Pero aun cumpliendo esta meta, para el año 2015 todavía unos 800 millones de personas seguirán sin acceso a agua potable. Es probable también que no se consiga reducir a la mitad el número de personas que viven sin saneamiento básico; no se conseguirá este objetivo por una diferencia de casi 500 millones de personas.

 

Como siempre, la clave está en la letra pequeña. Consideremos las siguientes cuestiones:

– Si bien el objetivo sobre agua potable puede ser cumplido a nivel mundial, existen importantes diferencias regionales. El significativo progreso de Asia, con su enorme población, oculta el hecho de que los países del África subsahariana no podrán cumplir esta meta antes de 2015.

– Hay una creciente brecha entre las zonas urbanas y rurales y un significativo retraso de las poblaciones rurales menos desarrolladas.

– Si bien se han hecho importantes esfuerzos para ampliar el acceso a un abastecimiento de agua potable a personas que anteriormente carecían de él en absoluto, se ha prestado menos atención a la explotación y el mantenimiento de los sistemas de suministro ya existentes, lo que socava el concepto de acceso sostenible.

                                                                               

– A medida que se amplíe el acceso a agua y saneamiento, proporcionarlo a la población restante será cada vez más costoso, ya que se tratará de personas que habitan en zonas aisladas, con pocas fuentes de agua potable o en las que los conflictos y las crisis humanitarias hacen que el desarrollo sea difícil de lograr.

Es evidente que el momento para dar un salto cualitativo en la situación mundial con respecto al acceso a agua potable y al saneamiento es ahora, mientras la presión para lograr los ODM sigue aumentando. Sin embargo, la proporción de la Ayuda Oficial al Desarrollo que se dedica a abastecimiento de agua y saneamiento se redujo del 8% en 1999-2000 a un 6% entre 2001 y 2004.


Aunque la tendencia parece haberse invertido, es evidente que las ayudas relativas al agua se concentran en torno a un número relativamente reducido de países donantes y receptores. Entre 2000 y 2004, las tres cuartas partes de la ayuda bilateral total para el abastecimiento de agua y saneamiento fue dado por Japón, Alemania, EE UU, Francia y los Países Bajos. Más de la mitad de las asignaciones se destinaron a Asia y sólo el 15% fue al África subsahariana. Se ha estimado que debe duplicarse la inversión cada año para poder alcanzar los ODM para el agua y el saneamiento.

Es hora, por tanto, de que todos los profesionales de la salud pública utilicen su influencia sobre con los principales tomadores de decisiones y defiendan el aumento de las inversiones en agua potable y servicios de saneamiento adecuado. Para una mejor salud, un mejor bienestar, y, en definitiva, una mayor justicia social.

Los beneficios económicos del acceso al agua potable

A raíz de la Declaración de Alma Ata sobre Atención Primaria de Salud (1978), los beneficios del acceso al agua potable y saneamiento no eran considerados de importancia económica, comparados con los de las intervenciones típicas del sector de la salud, como la vacunación, la detección de casos, el tratamiento de drogadicciones o las intervenciones nutricionales. Tomó 20 años y un planteamiento más intersectorial para revertir esta opinión.

Recientes análisis globales de la relación costo-beneficio de las intervenciones en agua potable muestran un retorno de la inversión de entre 3 y 34 dólares estadounidenses por cada dólar invertido. Un adecuado suministro implica que la población emplea menos tiempo en la recogida de agua potable, y esas horas diarias se emplearán en otras labores más productivas, o en bienestar, entendido en sentido amplio (en consonancia con la definición de la salud que hace la OMS: un completo estado de bienestar físico, mental y social, y no la mera ausencia de enfermedades y dolencias).

Así, habrá que sumar a la ecuación, la reducción de los costos de oportunidad provocados por la recogida de agua. La OMS está facilitando a los países las herramientas necesarias para llevar a cabo este tipo de análisis en los contextos nacionales, y se espera que, como resultado, se produzca un cambio en los patrones de inversión y en su posición en las negociaciones con los organismos de financiación externos.

Tratamiento y almacenamiento en el hogar

El acceso a fuentes de agua potable, como pozos, no garantiza por sí mismo que el líquido sea seguro en el momento de su consumo. En muchos casos, la contaminación del agua se produce en el hogar por un almacenamiento inseguro, entre otras razones. Ayudar a las familias a mejorar y mantener la calidad del agua en el hogar ha demostrado tener beneficios para la salud y ser rentable. La cloración, la combinación de cloración y floculación, la desinfección solar, el filtrado y la ebullición y el filtrado son los procesos más prometedores.

El tratamiento del agua doméstica reduce de una manera rápida y asequible la carga mundial de enfermedades transmitidas por el agua. Por ejemplo, de las 627.000 muertes anuales de menores de cinco años que cada año se producen en el África subsahariana, se podrían haber evitado 114.000 por el simple tratamiento doméstico del agua. En el sudeste asiático se podrían evitar 33.000 muertes de menores de cinco años.

El agua y el saneamiento en la atención sanitaria

Un tema importante que queda dentro del radio de acción de los profesionales sanitarios es la necesidad de emprender importantes mejoras relativas al agua y saneamiento en los centros de salud. Se espera que los centros sanitarios cuenten con un alto grado de higiene, gran calidad del agua y que las instalaciones sanitarias sean adecuadas. Sin embargo, no es el caso en muchos países pobres.

La exposición a equipos y materiales contaminados (por ejemplo, agujas, en relación con el VIH/sida), la mala calidad del agua potable, la insuficiencia de la cantidad de agua necesaria para garantizar la higiene básica y la falta de una correcta gestión de los residuos, no son infrecuentes en los centros de salud en los países en desarrollo. Evidentemente, un apoyo específico para mejorar esta situación sería un valor adicional, más allá de los beneficios inmediatos de contar con un abastecimiento de agua potable.