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La Tribuna de Ciudad Real digital
Voluntarios de distintos municipios partieron ayer con destino a Tharaka (Kenia) con un firme objetivo: ampliar la cobertura de la ‘campaña Kirika’ contra la ablación • Los resultados hablan: en 2009 no hubo mutilaciones en la zona
NIeves Sánchez
A lo largo y ancho de este mundo suceden cosas que aún contadas con el lenguaje más rico resultan incomprensibles de principio a fin e impensables de cabo a rabo. Es en esos casos en los que una imagen vale para explicar lo que no pueden mil palabras. Lo sabe bien Estrella Giménez Buiza, directora de la Fundación Kirika (con sede en Tomelloso), profesora de Inglés, técnico de cooperación y voluntaria desde hace ocho años en proyectos de cooperación para combatir en Tharaka (Kenia) la barbarie de la mutilación del clítorix, conocida como ablación. Con voz firme y resuelta cuenta a La Tribuna que su trabajo en el país africano empezó el día que tuvieron que actuar para frenar la mutilación de una niña. Hay imágenes que no se olvidan y que invitan a no permanecer impasible. Ahora, ocho años después de aquella fotografía, la palabra es la única herramienta con la que cuentan los integrantes de esta ONG para frenar y erradicar la ablación en Kenia y sentar las bases de una educación en contra de una práctica extendida en países de África y Oriente Medio. En escuelas, visitando poblados, y a través de los medios de comunicación de la zona, que prácticamente se reducen a la radio, Kirika transmite un mensaje claro: ‘no’ a un práctica contra natura y ‘no’ a un ejercicio cultural que puede matar y mata, marca y mutila física y emocionalmente a miles de niñas. Once personas de distintos municipios de la provincia (Tomelloso, Almadén y Ciudad Real), del resto de Castilla-La Mancha, de Córdoba y Cataluña, entre las que se incluye la directora de la Fundación, cogieron ayer un avión rumbo a Kenia con un objetivo claro: Agotar hasta el último minuto del mes que pasarán en el continente vecino para expandir la campaña educativa que llevan realizando desde hace años contra la mutilación genital femenina en la zona de Tharaka. Para ello, se valdrán de charlas, seminarios, becas y regalos anti-ablación . «La ampliación del mensaje es radial y por contagio. Esto significa que nos vamos separando de la zona que ya tenemos controlada y vamos ampliando escuelas y tribus», cuenta Estrella dos días antes de partir hacia Kenia. En la actualidad Kirika trabaja en 27 colegios, aparte de en la casa de acogida que levantaron para atender a huérfanos y a niñas mutiladas. El objetivo es ambicioso, ya que la ONG tomellosera prevé llegar en el próximo mes a 16.000 personas: «Cuando estemos Nairobi (hoy) tenemos concertada una conferencia de prensa para salir en todos los medios de comunicación y a partir de ahí a movernos». Y es que, si con la palabra hablada y escrita consiguieron que en 2009 no hubiera ablaciones en Tharaka - que ellos conozcan -, cuando años atrás se producían en torno a 600 al año, los números no pueden si no generar optimismo. «La ablación se prohibió en Kenia en 2005 pero se sigue practicando en muchos núcleos cerrados, porque es una cuestión cultural, que pasa de padres a hijos, de ahí la importancia de profundizar en la concienciación y educación desde la base». Se trata de un ritual de iniciación a la edad adulta de origen incierto realizado a las niñas y muy arraigado en determinadas tribus, donde su metodología es «brutal».
el perfil de la solidaridad. ¿Qué tiene en un común un profesor de Universidad, como por ejemplo el ciudadrealeño Miguel Taboada, con un trabajador social, un ingeniero, un arquitecto, un médico y un técnico de cooperación? Kenia los espera a todos hoy a través de la Fundación Kirika. Los once voluntarios que trabajarán en Tharaka durante un mes (hasta el 10 de agosto) no son nuevos en esos lares, ya que, aunque la ONG se registró en agosto de 2009 llevan años trabajando en la educación contra la ablación. Un proyecto en el que están involucradas más de mil personas. Se trata de una tarea que, según subrayó Estrella Giménez, «no es nada fácil» y «lamentablemente está llena de obstáculos». «La mayoría de las personas que vamos a Kenia utilizamos el mes de vacaciones de nuestros trabajos para marcharnos, a lo que se añade el problema del dinero que cuesta, ya que la mayoría de las veces sale de nuestros bolsillos», apunta. El mayor porcentaje de financiación que recibe Kirika es a través de los ayuntamientos que, según dice Giménez, «hacen lo que pueden, pero se necesita más». Se refiere a las administraciones más grandes: «Estamos pendientes de que la Diputación nos pague el viaje de tres de nosotros, sin embargo por ejemplo con la Junta es imposible». La directora de Kirika explica que Kenia se excede del ámbito geográfico que marca el Gobierno regional para sus proyectos de cooperación. No en vano, son obstáculos que no impidieron en 2001 a estos cooperantes intervenir directamente para frenar una ablación a una niña, cuando sólo iban como voluntarios a Tharaka con un proyecto global de Ayuda en Acción y a partir de ahí fundar Kirika. Y que no impedirán que en 2010 esta Fundación traiga a diez niñas de una tribu para recorrer con su mensaje y sus danzas los colegios de la región. Palabras e imágenes que servirán para dar forma a un nuevo proyecto con el que intentarán convencer a la Junta de que sus fondos «son necesarios» para el presente y futuro de cientos de niñas. |